Expresión es...

La columna de Ulises Centeno

8 de agosto de 2018

 

 

Expresión es…

 

 

“Orar y agradecer... algún día volveré a leer para ti.”

Caruli 

 

Desde niño, me gustaba participar  leyendo, declamando o recitando y a mi abuela le encantaba presumirme con sus “hermanas” en el Templo del Convento y cada que podía me llevaba y me decía "hijo, diles la poesía que te sabes”, y ya me arrancaba como periquito diciéndola, otras veces me ponía a leerles en voz alta oraciones o versículos de la Bibiia, y muchas más en su puesto  de zapatos dentro del Mercado Hidalgo  o en las temporadas de dulces y juguetes en la Plazuela Hidalgo sucedía lo mismo, leía para muchas personas y yo no entendía muy bien para que, así fui creciendo y  un día se me ocurrió preguntarle: “¿Mami, porque me pones a leer y no lees tú?”  y su respuesta fue, “porque yo no fui a la escuela, no sé leer.”  

Recuerdo el brillo de sus ojos azules diciéndome que no sabía leer, pero también recuerdo la firmeza de su mirada cuando algo no le pareceía, cuando se enojaba,  pero sobre todo cuando la gente le saludaba y reconocía en Doña Cuca su tenacidad, valentía y trabajo para salir adelante.

Alguna vez que le ayudaba en su puesto de dulces me dijo, “Carlos, háblale a la gente, tú vendes o te compran, ofréceles, porque si no se van a ir al puesto de a lado” y cuanta razón, con ello aprendí a perder el miedo para actuar, para intentar, porque al final  creo que todos “vendemos algo” y en la manera de acercarnos, de ofrecer, podemos lograr situaciones de éxito.

Muchas ocasiones fui testigo del “regateo”,  no entendía porque no lo vendía, hasta que un día me llevó a surtir mercancia, conocí el valor real de las cosas y  comprendí que  en ese cuánto es lo menos,   se perdía mucho,  la ganancia. Aprendí  que existen ocasiones en las que hay que decir no, que hay que valorar lo que uno tiene, lo que uno hace, lo que uno invierte.

Como olvidar aquellas grandes cazuelas de barro, que con gratitud y devoción preparaba con arroz y mole y que generosamente donaba a la fiesta de San Francisco de Asis, recuerdo que me decía: “Hijo, a Dios hay que regresarle un poco de lo mucho que te da.” , y esto en su vida siempre fue irrenunciable; servir, voluntariamente darse a los demás y  a ofrecer con trabajo su amor a su Templo, a su fe.

En 2013 estuve en las Margaritas en Chiapas, en un encuentro de Teología India para jóvenes y había un cartel que decía: “Abuelas, Abuelos, aquí estamos sus retoños, sus semillas, sus frutos, mirenos, contemplamos, caminamos juntos” y en otro encuentro con jóvenes había otro cartel  que decía: “La sabiduria de nuestros abuelos, no se vende, tampoco se compra, es pura bendición el que la ha de tener, aunque haya cada vez más gente que no le ponga importancia.”

La sabiduría de los abuelos es considerada como una habilidad que desarrollan en la edad adulta, es el aprendizaje acumulado de las experiencias vividas o presenciadas en sus propias vidas por ello se dice que los abuelos son sabios.  Las y los abuelos son un referente de respeto, tolerancia, comprensión, flexibilidad, amor y permiten el punto de equilibrio con la disciplina y la autoridad que ejercemos los padres.

Nunca imaginas la influencia que sencillas lecciones, pueden aportar a tu vida,  cuando niño nunca pensé que de ella aprendería: el amor al trabajo, el valor de la palabra,  la fe y oración , el compromiso y  gratitud, no olvido que ella no fue a la escuela, pero aún así nunca se rindió; la vida y el tiempo le enseñaron mucho, a veces con alegría y muchas más con coraje, sacrificio y dolor. En muchas de mis clases contaba de la abuela, y aunque recientemente le veía poco, siempre que podía le leía y recibía su bendición.

Y así vamos peregrinando, y sé que cada uno de ustedes tienen en su historia, hermosos relatos, anécdotas y vivencias. Hoy toca orar por su descanso y agradecer por su cariño, sabiduría, comprensión y complicidad.

 

L.E. Carlos Ulises Centeno López

caruli76@gmail.com