La Educación Hoy

La columna de Gabriel Espinoza

10 de mayo de 2018

 

Gabriel Espinoza Muñoz

 

“El Amor de madre”

 

No te tardes, ponte el suéter o come bien, son frases que seguramente escuchamos quienes tenemos la dicha de tener a nuestra madre con nosotros.

Y esas frases  que salen de sus labios son tan cotidianas, pero no por cotidianas dejan de tener una inmensa dosis de amor.

Y cómo no venir llenas de amor si la primera voz que escucharon nuestros oídos seguramente fue la de nuestra madre, la primera piel que rozó nuestra piel fue su piel, la primera y más grande muestra de ternura también provino el ella. Fue la primera que dejó de ser de ella para ser de nosotros.

“Mima”, como de cariño le decimos a mi mamá, decía que ella parecía “cuchillito de palo” por su insistencia, ella le llama terquedad.

Cuando estamos pequeños esas insistencias de nuestra madre, porque en todos los hogares pasa, nos llegó a incomodar, a molestar, a desesperar; pero con el paso de los años entendemos porqué su preocupación, porqué su insistencia. Seguramente porque ella veía que por más que nos lo decía no hacíamos caso, no nos corregíamos.

Y es que querido lector, el amor de una madre no es un amor fácil de ejercer. Esa palabra que parece choteada y que por su excesivo uso ya todos somos expertos en su entendimiento. Concebimos el amor como ese amor romántico, ese amor meloso, ese amor de dulces y chocolates que se asocia con el amor de los novios.

El amor de madre es más profundo, ese “raro” tipo de amor le permite despertar cada tres horas para darle de comer a su hijo o antes si se requiere cambiarle de pañal, ese amor de madre que le permite pasar noches en vela para estar al pendiente de su hijo enfermo, ese amor de madre que le permitió llevarnos en su vientre por 9 meses y lo hizo con amor aun sin conocernos. Es un amor muy real.

Es un sentimiento que seguramente muchos padres no entendemos, y bueno, cada día hay más mujeres que pareciera que tampoco lo entienden del todo.  

Es un amor de sacrificio, pues la madre piensa primero en el bienestar de los hijos antes que el de ella. Ese amor que motiva a la mamá a estar de pie desde la madrugada para preparar niños que van a la escuela, preparar desayuno, preparar uniformes, atender a los hijos en la enfermedad. Y de verdad, para nuestra madre seremos siempre su hijo, no importa la edad, no importa la condición o los títulos; si te enfermas, ella se preocupa y se ocupa.

Es un amor que asume riesgos, pues la madre, por amor, se atreve a entrar en terrenos que si no fuera por ese amor, seguramente evitaría; el consejo, el regaño, el cuestionamiento que hace nuestra madre, siempre lo hará con la convicción de ayudarnos a ser mejores. Una madre no duda en entrar a pelear por sus hijos, aun cuando sea en evidente desventaja.   

Es un amor de tenacidad donde no hay límites, la madre todos los días lucha, todos los días, con su ejemplo nos enseña a no rendirnos. Como decía aquel anuncio del detergente Ariel (1994) “Tu siempre puedes mami”.

Es un amor de compromiso, pues siempre la vemos ahí, deja lo que tenga que dejar, hace lo que tenga que hacer para estar al pendiente de sus hijos.

En el ámbito educativo, queridos lectores, una constante que encontramos en los alumnos que obtienen resultados educativos sobresalientes, es la cercanía y el buen ejemplo de los padres, en especial de la madre.

Ahora, el rol de la madre que impulsa hijos sobresalientes no es solo un rol protector, es un rol de acompañamiento, de cercanía, de permanente diálogo. Conoce a su hijo, lo apoya, lo estimula pero también lo orienta, le ayuda a tomar buenas decisiones y establece límites de acuerdo a su edad y su proceso de madurez.

Sin duda la mejor forma de educar de una madre es con su ejemplo. Esa responsabilidad de dar testimonio compromete a la madre con sus hijo, pues la figura que el niño ve como modelo a seguir en casa es la mamá y en la escuela el maestro.

Si tienes a tu madre contigo cuídala, apapáchala y disfruta con ella cada momento. Y si te insiste en que corrijas algo, no te molestes, no te incomodes, pues lo hace por amor; y mejor pregúntate si eso que te pide ya lo corregiste o aún lo traes pendiente.

Así como “Mima”, mi madre, siempre estuvo y está al pendiente de sus 6 hijos, en casa, está Margarita, quien ha sido una excelente madre para mis hijos, también en la Delegación Regional, en nuestras escuelas y en general, en la Secretaría de Educación hay compañeras que todos los días se levantan y salen a trabajar para, con su trabajo y ejemplo hacer de sus hijos hombres y mujeres de bien, para todas ellas nuestro reconocimiento y admiración, pero sobre todo nuestra inmensa gratitud.

 

A todas ellas y a todas las madres. Feliz día de las madres.

 

Nos vemos en la siguiente entrega.